lunes, 31 de agosto de 2015

Cuando el invierno llegue...

Creo que ya he comentado alguna vez por aquí que las mantas que más me gustan son las de granny squares, así que por supuesto mi pequeño vikingo tenía que tener una.

En Ravelry hay docenas de diseños preciosísimos, aunque la mayoría requieren mucho trabajo para combinar colores, cortar y rematar hilos etc, y como yo tengo una laaaaaaaarga lista de cosas que quiero hacerle a mi bebé, opté por algo más sencillo.

Tengo una revista de Katia Bebé de hace como 8 años o así que me gusta mucho y en ella sale una manta de grannys muy sencilla que combina 4 colores, así que elegí 4 tonos que combinaran más o menos con la habitación y me puse a ello.

Al principio me vicié a tejer los cuadraditos, luego me desencanté un poco por la pesadez y porque tuve que pedir más lana, pero unas semanitas después decidí terminar rápido y en unos días la tuve lista.





No me gustaba el método que proponía Katia para unir los grannys porque yo prefería una costura invisible, así que busqué y busqué y al final di con este tutorial que está muy bien explicado, aunque a mí no me quedó del todo invisible.

Bueno, hasta aquí todo más o menos bien. El problema vino al hacer el borde, fue entonces cuando la neurona me traicionó y, en lugar de coger 4 puntos entre granny y granny cogí 6 más uno en el centro, es decir, casi el doble.

¿El resultado? Demasiados puntos, un borde muy ondulado y poco tiempo y paciencia para deshacer y volver a comenzar. Mierda.

En fin, hice lo que pude con el bloqueo, algo arreglé aunque tampoco me quedó bien del todo. Confieso que tampoco me maté mucho, más que nada porque me estaba dejando los riñones y porque, para qué engañarnos, hice la manta con lana superwash porque imagino que la lavaré mucho y prefiero ponerla en la lavadora, ergo no voy a montar el chiringuito del bloqueo perfecto cada vez que eso pase.

En esta foto se aprecia un poco el desastre:



En fin, resignación, no queda otra. Al fin y al cabo, las mantas son para taparse y por lo menos, aunque pequeña para mi gusto, creo que cumplirá su cometido.

Por cierto, me parece que ya lo dije, pero mi idea inicial era llevármela al hospital a modo de amoroso arrullo porque me parece precioso que sea algo tejido a mano lo primero que envuelve al bebé. Pero luego recuperé la razón, menos mal, así que guardaré la manta en el armario para cuando el invierno llegue.

Detalles, aquí


viernes, 28 de agosto de 2015

Regalos vikingos

No podía dejar pasar esta entrada y no podía dejar de dar las gracias públicamente a todas esas personas "del mundillo" que han tenido el detallazo enorme de hacerme regalitos a mí y al vikingo con todo el amor y desinterés que les caracteriza, haciéndome sentir tan querida.

A todos ellos, muchas gracias.

Candela, mi querida Candela, que en su naturaleza está siempre el pensar en los demás, estaba de paseo en una tienda de menaje del hogar, vio esta toalla y pensó en mí. Así, sin más, ella hace este tipo de regalos "lo vi y pensé en ti". Me llevé la toalla al hospital y fue uno de los primeros arrullos que envolvieron a mi peque. Gracias.



Marga me procuró una pequeña canastilla. Cómo se nota que me conoce desde hace años: gatos, ovejas, pantalones cagados... todo un acierto al 100%. El gorrito fue el que me llevé al hospital también, al nacer el vikingo en agosto sólo lo necesitaba durante unas horas y ése fue el único que llevó. Gracias.



Esther eligió una preciosa tela de gatitos en mi tienda favorita del mundo de telas, (en la cual me arruinaría si le diera más a la máquina) y me cosió una toalla con capucha para el baño y un quitababas a juego. ¡Y en mi color favorito! Imposible que no me gustara. Gracias.



Ferran parece que contactó telepáticamente conmigo y supo que yo iba a hacer una manta de grannys que me quedaría como el culo (más info en el p´roximo post), así que se preocupó para crocheterame una él que.. qué decir... sin palabras. Hermosa es quedarse corto. Es perfecta. Y para rematar, una chaqueta para que mi vikingo luzca las tardes de otoño. Increíble regalo. Gracias.



¡Qué felicidad!

lunes, 24 de agosto de 2015

Yo no me olvido

Hace unas semanas, Silvia de Tejelandia se puso en contacto conmigo (entre otras personas) para pedirme colaboración en un sarao que está montando.

El lunes 21 de septiembre es el día mundial del Alzheimer, enfermedad que padeció su padre recientemente fallecido, y en homenaje a él y a todas las personas que la sufren quiere cubrir Sevilla, su ciudad, de flores. Flores de tela, de ganchillo, de fieltro, a dos agujas... flores de todos los tipos. Y para eso, claro, necesita flores, todas las flores hechas a mano que le podamos proporcionar.

Yo no quería quedarme al margen de la iniciativa, así que he puesto mi granito de arena.



Un granito muy humilde, pero mi granito. Hice las flores en una noche de insomnio... la última noche de insomnio embarazada que tuve, porque exactamente 24 horas después rompí aguas, ¡quién me lo iba a decir! Espero que este hecho me excuse un poco, son unas flores muy poco espectaculares... pero creo que cumplirán su cometido. Quise hacer más en otros modelos... pero no me dio tiempo ;)

Si queréis colaborar con Silvia podéis poneros en contacto con ella a través de la información que aquí os dejo.


viernes, 21 de agosto de 2015

Adiós, barriguita, adiós

Cuando estaba embarazada tuve dudas. Sí, quizás no es lo más bonito de escuchar de una reciente madre, pero no me importa admitirlo porque es la pura verdad y porque creo que la gran mayoría de nosotras nos hemos visto con el bombo y alguna que otra vez nos hemos preguntado si habíamos hecho bien, que eso era ya para toda la vida, que quizás no era el momento, que con lo bien que estaba yo... También creo que es sano y natural sentir eso, por muy buscado y deseado que el embarazo fuera. En nuestro caso lo fue (buscado y deseado) pero lo que no nos esperábamos era que acertáramos a la primera (tuvimos mucha suerte, lo sé). Cuando el primer test nos dio positivo sentimos profunda felicidad, pero a la vez miedito. La cara de susto no se nos quitó en los primeros meses. Por supuesto estas emociones se van disipando, a medida que la panza crece, que notas las patadas, las dudas se disuelven cada vez más (excepto la de si lo sabré hacer bien) pero nunca me sentí preparada del todo para el cambio que mi vida iba a hacer. En esencia si hay una imagen que puede describir parte de mis sentimientos estos nueve meses es esta:



Ahora que ya no estoy embarazada no hay duda alguna. Me decían que los miedos y los sentimientos encontrados se esfumarían cuando lo viera la cara y yo no sabía si sería cierto, pero en mi caso lo fue. El amor es instantáneo e incondicional, imposible de entender excepto para las que hemos sido mamás. Tenía que ser él. Miro a mi bebé y me da pena por las otras madres que no lo tienen a él, tan perfecto (seguro que todas piensan lo mismo, jeje). Todo vale la pena.

Cuando estaba embarazada el baile de hormonas era una fiesta sin fin. En una ocasión, zapeando, di con uno de esos canales locales cutres, cutres, en el que emitían una especie de fiesta mayor en la plaza del pueblo y había una tarima con unas chicas bailando hip-hop. Eso me hizo arrancar a llorar desconsoladamente. En otra ocasión, me pasé una meándome de la risa (literalmente) con este estúpido meme:



Ahora que ya no estoy embarazada pues el baile de hormonas sigue igual, jeje, llorando y riendo cuando menos me lo espero, pero siempre de felicidad.

Cuando estaba embarazada todo el mundo me decía que, tras dar a luz, iba a echar de menos mi barriguita. Yo no me lo creía, me parecía imposible llegar a echar de menos el calor insufrible, la poca movilidad, el horrible dolor de espalda, el ir a mear cada 20 minutos, el insomnio, el que un ligero paseo fuera una maratón para mí, los comentarios inapropiados de desconocidos por la calle...

Ahora que ya no estoy embarazada definitivamente echo de menos mi barriguita. Por supuesto no añoro lo anteriormente mencionado, es cierto que estaba ya muy cansada al final de todo, pero había momentos en los que tener el tripón molaba bastante, sobre todo las jornadas de playa y piscina con mi familia y el sentir continuamente los movimientos y patadas de mi bebé. Además, a pesar de la falta de civismo generalizada de la humanidad, todavía hay gente que cuando ve una embarazada se esmera en cuidarla y qué queréis que os diga, eso me encantaba. Sí, echo de menos mi barriguita y eso me apena, pero ahora que la he cambiado por un bebé, me doy cuenta de que he salido ganando de sobras en el cambio.



Por si os preguntáis si llegué a tejer los calcetines que me preparé para el paritorio, os responderé que no. Pero no por falta de tiempo, fue un parto muy largo y hubo momentos de sobra, pero preferí emplear todo mi tiempo en intentar poner en marcha un parto natural (que no pudo ser...).

Por otros motivos, ninguno grave, nuestra estancia en el hospital se dilató bastante por desgracia, y en esos días de desesperación y de mequieroiramicasayaporelamordedior sí que tejí unas cuantas vueltas.

En casa ya, pues vamos haciendo. Evidentemente el tiempo que puedo dedicarle a las agujas ha disminuido pero no me quejo en absoluto. Como he dicho antes, todo vale la pena, porque miro a mi hijo y me pregunto cómo he podido vivir tanto tiempo sin él... ahora sólo queda aprender que ya no me puedo dejar las agujas tiradas en cualquier lado.

jueves, 13 de agosto de 2015

05/08/15


I could never be loved by anyone sweeter than you,
and I could never belong to anyone sweeter than you

R. Nelson, "Sweeter than you"

lunes, 3 de agosto de 2015

Chullo

Un gorrito tipo peruano/manuchao para mi pequeño vikingo.

Un gorrito publicado en un libro de la Droguerie.

Un gorrito que me ha consumido la energía vital.

Venga, primero la foto y luego la historia, para los que quieren ir al grano o tienen pereza de leer.



Me encantan los patrones de La Droguerie y este no es una excepción, sin duda lo tenía que tejer. Corre por los círculos tejeriles una leyenda urbana que cuenta que los patrones de esta casa son pequeños, así que sabiendo esto ya pillé una lana más gorda de la recomendada (amén de que me parecía raro que para tejer en fair isle pidieran agujas del 4,5 y lana tipo fingering) para hacer la talla que quería, en este caso los 6 meses.

Los patrones de La Droguerie también están explicados en la más mínima expresión, así que tuve que conjeturar varias cábalas para hacer coincidir correctamente las filas de los dibujos de las orejas con el resto del gorro (en el libro no lo explican) y saber cuándo tenía que empezar las disminuciones. A lo mejor la cosa era más fácil de lo que a mí me pareció, pero las que habéis estado embarazadas u os habéis codeado de cerca con ellas, sabéis que se nos derriten las neuronas.

Total, que después de varias pruebas y hacer que la secuencia de dibujos coincidiera como tenía que coincidir, tejo las orejeras por separado y cuando voy a montar puntos para unirlas y seguir en redondo con el resto del gorro, me doy cuenta de que, oh maravilla, los dibujos no coinciden con el número de puntos que se supone que tenía que tener. Es decir, que si montaba los puntos para la talla de 6 meses, a medida que iba tejiendo los dibujitos, pues me iba a quedar un corazón a medias, o una cenefa cortada por la mitad.

Total, que la única manera de que todo quedara en perfecta armonía era tener un número de puntos múltiple de 28, y ese requisito sólo lo cumplía la tala de 3 meses (o podía añadir muchos puntos a las subsiguientes), así que viendo que la cosa iba a quedar grande, decidí tejer esa talla.

Y menos mal que lo hice, porque al final de 3 meses nada, ni de 6. Yo creo que a lo sumo podré ponérselo dentro de dos inviernos, porque ha quedado enooooooorme. En fin, esperar tampoco es algo que me importe, ya le crecerá la cabeza.

En realidad, una vez resueltos los enigmas de cuántos puntos tejer y en qué fila comenzar y todo el rollo, tejer el gorro en sí me llevo un par o tres de días, pues me enganché perdidamente al fair isle.

Una vez terminada la que se suponía era la parte difícil del asunto, llegó la sencilla tarea de coger puntos para hacer el borde y eso fue lo que hizo que me demorara semanas en terminarlo. La cuestión fue sencilla, como ya me había pasado alguna vez (curiosamente con otros patrones de La Droguerie y con el mismo tamaño de aguja), al recoger puntos me cargué una aguja de madera, me cabreé y desterré la labor una temporada. Cuando volví a intentarlo con otras que tenía de plástico, nuevamente me volvió a pasar y nuevamente aparté la labor de mi vida tejeril.

Semanas más tarde decidí comprarme un par de agujas de níquel a pesar de mi alergia (¡a ver si tienen huevos de romperse esas también!) y días después, una vez pasado el enfado, por fin SÍ que pude terminar el dichoso gorro.

Y hasta aquí la historia del chullo capullo que aspiraba a cubrir la cabeza de un pequeño vikingo. Al final, vencí.

Detalles, aquí.

viernes, 31 de julio de 2015

Albis is knitting!

¡No me puedo creer que todavía no haya publicado esta entrada!

En febrero/marzo del año pasado, Mireia se compró una cámara fotográfica nueva que, entre muchas de otras habilidades, tiene el poder de crear gifs al momento.

Durante una comida, mientras yo andaba tejiendo los Swapetines de ese año, decidió probar conmigo esa nueva chuchería y esto fue lo que salió:



Por si os lo estáis preguntando, sí, el gif está con el tiempo acelerado. ¿Os imagináis que pudiéramos tejer tan deprisa? Sería una pasada, nuestras colas de proyectos se reducirían a la velocidad de la luz...

A mí ahora me vendría de perlas, porque después de un embarazo en el que los primeros meses he estado demasiado cansada para coger las agujas y los últimos he estado demasiado achicharrada para tener ganas de vivir, estas últimas semanas en las que el parto puede desencadenarse en cualquier momento me ha dado una locura terrible y me pasaría el día tejiendo. Literalmente.

Claro, por un lado me muero de ganas ya por perder de vista este barrigón, recuperar mi movilidad y, por supuesto, de tener al vikingo en mis brazos y verle la carita.

Pero por otro, a parte de que parir medaunmiedoquetecagas (aunque intento no pensar en ello), pues me gustaría poder terminar cuantas más cosas mejor.

Así que no sé si seguir con los ejercicios de yoga, los paseos, los tés de hojas de frambuesa y demás truquis de la abuela... o cerrarme de piernas y apretar los dientes a ver si este niño me deja un poco de margen, digamos tipo hasta diciembre, para acabar mi larga lista de WIPS.

¡Feliz fin de semana!

lunes, 27 de julio de 2015

Calcetines de rayitas (one more timeeeee)

Este proyecto hace mil años que lo terminé y otros mil que lo empecé. Si no os los había enseñado hasta ahora es obvio: con estos calores no he tenido ovarios para ponérmelos y hacer las fotos.

Pero el tiempo pasa y ya no se trata del calorazo que hace, sino que mis pobres pies y tobillos ya no son lo que eran (retención de líquidos y tal, otra de las muchas maravillas de la preñez) y aunque reuniera el valor de ponerme con 37 grados unos calcetines de lana, oye, pues no sé si a estas alturas me iban a caber.

Total, que aunque me hubiera gustado enseñaros cómo mola que suban hasta las rodillas y más allá, al final les he hecho alguna foto sin el relleno por dentro, porque como sigamos así nos plantamos en otoño.




La receta es sencilla y seguro que habéis visto docenas de proyectos como ese en Ravelry: una madeja de Zauberball (o similar) y otra en un color sólido, cambio de color cada 4 vueltas (yo) y a correr. Fácil, facilorro y con un resultado muy vistoso. En mi caso, empecé a hacer aumentos cada 8 vueltas a media pierna para que cogieran la forma de las pantorrillas.




Y a lo mejor estáis pensando que los veis cortos para ser, como he dicho, hasta las rodillas y más allá. Pero es que soy bajita y paticorta, lo cual es una ventaja no en la vida pero sí en estos proyectos. Tendréis que creerme ciegamente porque no me los voy a poner, de momento, para demostrarlo.



Detalles, aquí.


miércoles, 22 de julio de 2015

¿Qué lleva una tejedora en la bolsa del hospital para dar a luz?

Pues a parte de ropita, pañales, cremitas y demás útiles o inútiles enseres para una loca estancia de (esperemos) 48 horas, hay algo que no puede faltar: unos calcetines para tejer.

Vamos a ver, desde que empecé a leer sobre partos felices y respetados, y más tarde de la boca de la matrona en las clases de preparación al parto, hay algo que me ha quedado muy claro: lo más importante para tolerar el dolor de las contracciones es estar relajada y distraída pero consciente del proceso. Y claro, eso se me antoja raro, pero desde luego si hay algo que me relaja es tejer, y si hay algo que puedo tejer pero estando pendiente de otras cosas (en este caso, mis contracciones) son unos calcetines, en concreto un par de calcetines toe-up tejidos a la vez.

De modo que estos días previos he empezado unos calcetines con estas características, básicos y sencillos. Si los he comenzado ya antes de ponerme de parto y que sean unos verdaderos "calcetines paritorio" es porque los quería dejar en un punto en el que realmente no tuviera que pensar en nada y así concentrarme en mis cosas, así que por eso mismo he tejido justo hasta terminar el talón, y de ahí para arriba todo es punto del derecho y tengo muuuuchos metros de lana antes de llegar a la posible "dificultad" del elástico. Está todo debidamente estudiado.

¿Funcionará esta idea? Pues la verdad, no lo sé y sea como sea ya os lo contaré. Nunca he parido y, aunque lo hubiera hecho, sé que cada parto es un mundo, es muy posible que cuando llegue el momento no tenga la cabeza y las manos para estos menesteres. Pero oye, todo el mundo sabe que una buena tejedora nunca sale de casa sin su labor.

Aunque sea para dar a luz.


domingo, 19 de julio de 2015

1 UP


¡Empieza la verdadera cuenta atrás!