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domingo, 31 de diciembre de 2017

Resumen tejeril 2017

Como ya va siendo tradición desde hace algunos años, en este día miro hacia atrás y hago un resumen de mi vida tejeril durante el año que hoy termina. Escribo esto sin haber hecho números aún, pero así de entrada, creo que ha ido bastante bien y estoy satisfecha.

Vamos a ver:

- He comenzado 19 proyectos
- He terminado 19 proyectos (2 de ellos los empecé en el 2016 y otro en 2014) 
- He desechado 0 proyecto (peeeero tengo uno pendiente de deshacer)


Las cifras no están nada mal, lo suyo sería acabar más de lo que empiezo, sería señal de que comienzo a liquidar mi montaña de wips eternos. Pero no me quejo.

- Con el que más he disfrutado tejiendo: Geek socks, la combinación perfecta de unos calcetines sencillos con un punto de dificultad paa no ser aburridos. Y el colorido me encantó.

- Con el que más me he aburrido tejiendo: Realmente no me he aburrido con ninguno, pero voy a decir el jersey McDreamy por todo lo que me hizo sufrir y las 800 veces que tuve que deshacer. 

- El que más he usado: Caigo en la cuenta de que casi todo lo tejido ha sido para otras personas, poco para mí. Mi pulsera de ganchillo me acompañó todo el verano, así que se queda con el puesto.


- El que menos he usado:  Pues me está costando horrores conseguir que mi hijo se ponga el gorro del  pescado, dice que le pica (maldito sea, y eso que está tejido con una mezcla de merino y algodón)

- El que me ha sorprendido gratamente: ídem que el año pasado, no me he llevado ninguna sorpresa

- El que me ha decepcionado: Lo mismo.


- He usado 93 madejas
- He adquirido 33 


Por favor, un gran aplauso para mí!!! La cara B de este asunto: sigo teniendo 221 ovillos en mi stash. Pero poco a poco.


falta oto del jersey de navidad y el lopapeysa terminados

falta foto de la manta terminada


En cuanto a mis propósitos:

- NO he podido acabar todos mis proyectos que llevo arrastrando desde 2014, sólo uno de ellos. Y me quedan 4, que no 3, como le dije a Miso. ¿Hablamos de los #viernesdewips?

- he podido reducir stash y estoy muy orgullosa, a seguir así, albis! (palmadita en el pecho)

- NO he podido re-bloquear todo lo que tengo y, además, he engrosado la cesta.

Para el 2018 me hago los mismos propósitos tejeriles porque no doy para más. Quisiera tejer 12 calcetines pero lo veo imposible. Y al año que entra le pido que me deje de dar por culo un poquito nada más, por favor.



lunes, 3 de julio de 2017

Repaso de propósitos anuales

Ahora que ya estamos en el Ecuador de este año (en serio, ya???), es momento de hacer balance y repasar cómo están evolucionando mis propósitos tejeriles para el 2017, de los que ya os hablé en esta entrada.

Aviso previo: al final de este texto voy a ponerme a llorar.

1. ACABAR CON TODOS MIS PROYECTOS A MEDIAS

 Ehm... Digamos que no sólo no he terminado ni uno a estas alturas, sino que estoy acumulando más. Hace unas semanas me puse en serio a acabar uno de ellos... y ahí sigue. Dios.


2. REDUCIR STASH

Venga, va, esta sí. En lo que va de año, han engrosado mi stash la friolera de 25 madejas (19 de ellas para la manta de colores, que conste!!) y se han ido 50. Es decir, que por cada madeja que entra, dos salen. Not bad, pero hay que mejorar.


3. RE-BLOQUEAR

Con este propósito me puse en serio las 2-3 primeras semanas del año, pero cuando vi que casi todo lo que me faltaba eran chales (uffffff) lo fui abandonando lentamente. Es que no me puede dar más pereza.

En cuanto a seguir participando en la comunidad tejeril (que no era ni propósito, porque ya es forma de vivir), eso sí va bastante bien: he participado en un intercambio, he recuperado mucha comunicación con la gente gracias a Instagram (mal que me pese) y estoy participando en un KAL, aunque no lo parezca (lo arrastro desde entro, ya ni entro al foro por vergüenza).

Pues ya veis, la cosa está muy malamente (salvo por lo de reducir stash), no sé si decir que me voy a poner las pilas a partir de ahora porque no me lo creo ni yo.

En fin, a seguir viviendo como se pueda.



Fin de la cita

lunes, 8 de mayo de 2017

Que me casoooooo



Pues eso: que el próximo viernes nos casamos. Puro trámite y papeleo burocrático porque después de 14 años juntos, 7 de convivencia y un hijo... sólo es una firma. Ni fiestas, ni convites, ni bodorrios, día tranquilo en la intimidad de los menos de 10 asistentes (incluídos nosotros mismos y nuestro vikingo).

Siempre tuve (tuvimos) muy claro que si algún día nos casábamos iba a ser así, puesto que los dos aborrecemos abiertamente las bodas, no tenía  sentido hacer una con todo el pack. Pero sí había una cosa (la única) que tenía muy clara: daba igual dónde y cómo fuera la boda. yo iba a llevar un chal hecho a mano por mí. Y ese chal tenía que ser el Laminaria, para mí el más bonito de los chales que he visto en mi vida.

Tanto reservándome este auto-regalito de boda y al final no pudo ser, lo que nos enseña que si quieres tejer algo lo tejes y si acaso ya lo estrenarás en la ocasión que desees. Cuando tuvimos la fecha reservada, era tan  justa que me di cuenta de que si quería seguir atendiendo el trabajo y mi familia y llevar el chal Laminaria debería renunciar a dormir por las noches, y eso no me apetecía nada.

Me dolió mucho renunciar  a la única cosa que de verdad me hacía ilusión de mi boda, pero para mí fue una liberación. Sólo es un chal, ya me pondré alguno e los que tengo, sólo es una firmita y no pasa nada. Pero tenía que redimirme de alguna manera, tenía que llevar algo tejido especialmente para la ocasión, y ese algo fue el porta-alianzas.

Voilà:



Necesitaba algo práctico para que el vikingo las pudiera llevar sin tirarlas, busqué inspiración por internet y de varias ideas acabé haciendo esto con unos restos de alpaca y un lazo de organza. El patrón es el inicio del chal Mandala, que tiene una construcción que llaman "pi" (no sé por qué), la cual empieza desde el centro y va creciendo, quedando la forma de un círculo. Tejí hasta un poco menos de la circunferencia del bastidor (al bloquear sobró un poco pero me da igual), le puse algunas bolitas (que si lo sé me lo ahorro porque no lucen), lo bloqueé, le até los anillos y hala, una cosa menos de la que preocuparse.



Qué asombro me produce la gente que monta bodorrios a lo grande cuidando hasta el más milimétrico detalle, lo leo por internet e hiperventilo sólo de imaginármelo, yo con cuatro detalles que quiero hacer ya se me está haciendo una montaña. Qué estrés!

Detalles, aquí.

lunes, 27 de febrero de 2017

Mi habitación de labores

Me ha llevado casi dos años preparar este post. Casi dos años, que son los que llevo viviendo donde vivo ahora y, por tanto, casi dos años desde que tengo una habitación de labores propia. Si os preguntáis por qué no lo he hecho antes, es sencillo: nunca ha estado a mi gusto. Tampoc ahora. Cambiaría muchas cosas, quitaría otras y, si pudiera, reemplazaría algunos muebles.

Las paredes lucen vacías. Falta una zona por pintar, por una reparación. Tengo que acabar de reorganizar las agujas, pues algunas aún no están en su sitio. Debería poner cojines. La lámpara del techo es tan cutre que ni os la voy a enseñar.

Faltan muchas cosas y por eso nunca me he decidido a enseñarla. Pero espero que podamos mudarnos de nuevo este año y muy probablemente voy a perder este espacio o, por lo menos, va a cambiar. Así que os lo muestro ahora, tal como está: inacabada.

Cuando vinimos a vivir aquí y vi que tenía la posibilidad de tener una habitación propia, tuve que elegir entre luminosidad o espacio, y elegí lo segundo. No sé si fue una buena elección o no, con el tiempo he aprendido que no hace falta tener tantas cosas. De hecho, en realidad, apenas uso mi habitación de labores, aunque estoy intentando  cambiar eso. Sea como sea, la falta de luz es el motivo por el que las fotos se ven un poco mal.

El segundo motivo por el que las fotos se ven mal es que esta, mi habitación, es el paraíso de los juegos del vikingo (ya veréis por qué), y mientras intentaba tomar las imágenes lo tenía revoloteando a mi alrededor, destruyendo todo a su paso. Por eso mismo no hay fotos detalladas de rincones concretos. Hago lo que puedo.

Y ya no me enrollo más, comienzo con una vista general del cuarto, aunque algunas cosas no pueden verse aquí.



Como veis, es un espacio bastante grande. Los muebles oscuros vienen reciclados del antiguo piso. Los blancos son nuevos, y son de este color porque Ikea ya no fabrica del color anterior y porque me gustan más. Si algún día tengo tiempo, pintaré los oscuros.

Aunque hay una ventana, ésta da a otra estancia de la casa y no al exterior. Esto es debido a que los dueños cerraron parte de la terraza para hacer una galería muy grande. Es el único sitio por el que entra algo de luz natural.

Por cierto, super necesaria la escalerilla blanca para llegar a todos lados, los hobbits como yo también tenemos derecho a usar las zonas altas.


Justo detrás de la puerta tengo una pizarra con unos ganchos los cuales, como veis, uso para tener ordenados por tamaños los cables de las agujas intercambiables (debería poner una etiqueta con las medidas). Debajo cuelgan bloqueadores de calcetines de dos tallas.

La pizarra la uso para anotar cosas de tejido que me urgen, pero quien más la utiliza es el vikingo: le encanta que le aúpe para coger las tizas y escribirme "notas de amor".




 Esta mesa de trabajo me encanta. El lado más cercano a la cámara lo uso para escribir, tengo una silla de despacho donde reposa una enorme bolsa de labores con el resto de bolsas dentro (no hay foto). Tengo bien organizados, rotuladoress, bolígrafos y otros utensilios de escritura en los portalápices encima de la mesa y en los tres cajones guardo otros instrumentos de papelería y manualidades (sellos, troqueladoras, washi-tapes...). En la parte derecha antes tenía el drum-carder, pero como ya no lo uso, puse ahí la ovilladora. Se despejó el espacio y me va bien tenerla allí.

En la zona del fondo de la mesa tengo la máquina de coser, la tabla para cortar telas y una silla más sencilla para cuando hago cosas de costura. Los cajones en ese lado guardan dedales, agujas, alfileres, tijeras y cosas así.

Al fondo podéis intuir un costurero vintage que me regalaron y me encanta, con todos mis hilos. La rueca también está en esa zona, muerta de risa, por cierto. Va allí porque no me cabe en otro sitio, el día que la use la tendré que mover. Más adelante hay detalles de este lado del cuarto.



En la pared al lado de la mesa tengo este par de baldas que uso para tener las agujas. Arriba están los ganchillos (cubo lila) y las agujas rectas. Esto está así puramente para decorar, puesto que las agujas rectas no las uso.

Debajo tengo un calibrador de agujas y tarros de yogur de vidrio para las agujas circulares y de doble punta. Están numeradas, pero tengo pendiente poner la numeración americana también. Me faltan tamaños por colocar porque en esta casa no consumimos apenas yogres en tarro de vidrio. Los tamaños mayores están guardados en el cajón de la mesa así, a lo loco.



En la estantería de la derecha es donde van todos los libros y la mayoría de mis accesorios de tejedora. Arriba del todo están todos los libros para tejer jerseis y, también, cuadernos en blanco que fui adquiriendo durante una temporada (me encantan y me encanta escribir, tuve que parar de comprarlos porque se me acumulaban y son un vicio).

Debajo están los libros de calcetines y un par de cajas con botones.



Esta es la zona inferior de la misma estantería de la foto del todo. De arriba a abajo:

- Libros de accesorios y ropa de bebé, una tetera (ahora decorativa solamente), una lata con agujas para bloquear y una cajita con marcadores.

- Libros de técnicas de tejido y una cesta con beads (o las perlitas esas que ponemos a veces en los tejidos)

- Libros no relacionados con el tejido o que no contienen técnicas ni patrones, y una cesta con los accesorios de la rueca.

- Debajo de todo tengo clasificadas todas mis revistas por temáticas, idiomas, marcas etc.



Mi querido/odiado armario de las lanas donde lo guardo todo por grosor. Debajo de todo, están las fibras para hilar.

No quiero hablar mucho de mi armario, lo quiero fuera de mi vida. Quiero fuera de mi vida todas esas lanas varadas en los mismos estantes desde hace demasiados años. Las quiero fuera de ahí, las quiero llevar puestas en forma de COSAS. Me cansa ver siempre lo mismo. Quiero un precioso cajón lleno de preciosas lanas de calcetines . Y dentro no quiero ver más lana en ningún sitio más.

Nota mental: toca ya hacer la limpieza/orden anual del armario de lanas



 En esta foto se aprecia la zona que os acabo de enseñar un poco más de cerca. Arriba de la estantería de los libros y del armario de las lanas están todas las cajas que uso para guardar menaje variado: restos de lanas, telas, material para teñir y otras mierdas que no tienen cabida en otro sitio.



Y esta es la zona para tejer, propiamente, que queda a mano derecha entrando a la habitación y que no puede verse en la primera foto.

En la cajonera tan grande guardo todas las piezas que tengo tejidas a mano: guantes y gorros arriba, jerseys, chales/bufandas y calcetines, en ese orden. En el último de todos están las piezas que necesitan arreglos y los paneles de bloqueo.

Arriba hay una cesta con las prendas pendientes de bloqueo y lavado, así como una caja y una cesta donde hay hilos de bordar y punto de cruz.

La butaca es, en realidad, una mecedora. Para tejer solamente la he usado una vez, ahora al peque le encanta usarla para sentarse a mirar cuentos.

Al lado de la mecedora tengo una cesta con proyectos en marcha, pero solamente los que no estoy tejiendo actualmente, porque esos los tengo en el comedor.

Por último, en el huequecín que hay entre la cómoda y la pared, están las blocking wires y los papeles de regalo.

Y eso es todo, de momento, mucho por desear. No sé cuánto tiempo me queda con él, pero mientras tanto tengo que disfritarlo más de lo que lo he hecho hasta ahora.

No me despido sin antes dejaros un vídeo de lo que estaba ocurriendo a mi alrededor mientras intentaba hacer fotos.

Behind the scenes:


viernes, 20 de enero de 2017

Hola, Instagram

Ya sé que sólo es una cuenta de Instagram, pero me lo he pensado muchísimo durante unos cuantos meses antes de decidirme a abrir una.

Estoy aquí, soy albisknits.

Siempre me ha costado dar el paso a las nuevas herramientas y ya ni os cuento a las nuevas tecnologías (por poner un ejemplo, hace poco más de un año que me instalé WhatsApp).

Con el corazón en la mano, Instagram tiene muchas más cosas que me disgustan que las que me gustan, pero la gran mayoría de gente cuyos blogs hace mucho años que sigo ahora están allí y siento que me estoy perdiendo mucho, Sí, de vez en cuando cotilleo en vuestras cuentas, pero no es lo mismo, a mí me gusta participar y estar en la salsa de las cosas, qué le voy a hacer.

Así que nada, dejemos los prejuicios a un lado y abramos la puerta a la novedad. No tengo ni repajolera idea de cómo funciona la app ni de cómo encontraros a todos así que, por favor, vayan identificándose ;)



PD: No tengo planeado dejar este blog de momento, así que ya veremos cómo lo manejo todo. Me encanta complicarme la vida, ¡hurra!

sábado, 7 de enero de 2017

Propósitos tejeirles para el 2017

Sí, ya sé que nunca consigo lo que me propongo a principios de año, pero yo sigo erre que erre con mis buenas intenciones, que creo que no le hago daño a nadie (salvo a mi autoestima).

Para el 2017 quiero renovarme y quitarme de en medio pesadas losas que llevan demasiado tiempo deseando que haga algo con ellas.

Tengo tres propósitos, sólo tres. Empezando por dos grandes clásicos, y finalmente una novedad.

1. ACABAR CON TODOS MIS PROYECTOS A MEDIAS

Virgensita de mi vida, que hay cosas que llevo arrastrando desde verano del 2014. ¿Dónde quedó aquella máxima mía de no tener entre agujas ningún proyecto durante más de un año? Todo lo que hoy tengo empezado, debe estar terminado el 31 de diciembre de 2017, especialmente lo comenzado con anterioridad al 2016. Sólo soy flexible con una manta de restos, en el caso de que no me queden restos y aún sea pequeña

2. REDUCIR STASH

Realmente llevo mucho tiempo sin comprar caprichos, salvo las Felici. Pero me gusta tejer para mi hijo y nunca tengo nada que me sirva a mano, y tengo que comprar (vaya, qué novedad), así que se me enquista todo irremediablemente. Si consigo acabar el año con una madeja menos que cuando lo empecé, daré este propósito como cumplido.

3. RE-BLOQUEAR 

Si bloquear una prenda (especialmente un chal) da una pereza supina, re-bloquearlo ya es la muerte súbita. Todas esas horas y horas estirando y colocando agujas, qué horror. Y cuando crees que ya está y te has librado para siempre, de repente te has puesto esa prenda tantas veces que vuelve a ser una boñiga y hay que volver a darle forma. Yo tengo una cesta de boñigas que hace años (sí, años, qué vergüenza) que esperan ser re-bloqueadas y nunca encuentro el momento. Me he propuesto hacer una prenda por semana y, para ello, voy a renovar todo mi material de bloquear, ya que mis piezas de goma eva están roídas por mi gato y mis agujas tan oxidadas que pasan el óxido a la ropa. Si hay que hacer algo desagradable, por lo menos hagámoslo bien.

Y a parte de todo esto, por supuesto, quiero seguir participando en la comunidad tejeril como lo estoy haciendo hasta ahora. De momento ya me he liado con un KAL de un lopapeysa organizado por The Spanish Swap, y estoy esperando a que Pilar dé el pistoletazo de salida a los Swapetines de este año.

Una vez más, me creo que me lo he puesto fácil. A ver lo que pasa dentro de un año.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Resumen tejeril 2016

Si el año pasado ya los números me parecieron bastante peniles, este año lo mejor sería que me escondiese en una cueva y no volviera a salir nunca más.

Tejo poco. Es un hecho. Pero un hecho en contra de mi voluntad.

En fin, lamentos no sirven. Esto es lo que hay y esto es lo que pasa cuando se es madre trabajadora de un bebé arma de destrucción masiva y se tiene la pequeña manía de empezar mil cosas cuando todavía no ha terminado las otras dos mil pendientes.

Pero no pasa nada, todo volverá a su cauce.

Menos lo de tener mil proyectos empezados a la vez. Eso no cambiará nunca.

Y sin más dilación, a falta de algunas cosillas por fotografiar, esto es lo que ha dado de sí el 2016:

- He comenzado 16 proyectos
- He terminado 17 proyectos (2 de ellos los empecé en el 2015 y otro en 2014)
- He desechado 0 proyecto (oleeee oleeee)

- Con el que más he disfrutado tejiendo: El Olympic Lopapeysa, tanto por el contexto, como por lo bonito que es y lo rápido que lo acabé.

- Con el que más me he aburrido tejiendo: Al final fue el Mystery Sock. Prometía y quedó bonito, pero de no haber sido porque quería acabarlo a fecha para entrar en el sorteo, se habrían quedado en el olvido por un largo tiempo.

- El que más he usado: Father and Son cowl, los usan casi a diario :)

- El que menos he usado:  So Greenpeace, porque se me deshizo justo al terminarlo. Maldito steeking fallido.

- El que me ha sorprendido gratamente: No me he llevado sorpresas este año, ni buenas ni malas.

- El que me ha decepcionado: Lo mismo.

- He usado 38 madejas
- He adquirido 52 (y seguimos para bingo..)





En cuanto a los propósitos que me hice hace un año, tampoco es que haya ido muy bien, jeje.

A duras penas he podido empezar y acabar 12 proyectos este año, pero eso sí lo conseguí.

No he podido terminar con 12 madejas menos de los que empecé. Iba bastante bien hasta la mitad del año, y al final se fue todo al traste cuando llegaron a casa las Felici y los 19 ovillos para la manta del cole del vikingo.

Y de los libros que he leído... Paso palabra.

Eso sí, de las pequeñas cosas que quise hacer, no me he dejado ninguna: he participado en swaps, en KAL, he mimado mucho a mi cachorro y, en fin, que en ese sentido no me puedo quejar.

Para el 2017 tengo algunas ideas más, pero eso lo dejo para otro día.


lunes, 12 de septiembre de 2016

costuritas

Desde el día en que nació, el vikingo y yo hemos estado siempre juntos. Respetando sus tiempos y sus necesidades, nos hemos ido separando de vez en cuando a ratos, pero el mundo era nuestro.

Esto no me ha salido gratis, porque tal y como concibe este país la conciliación familiar, yo debería estar trabajando desde antes de la pasada Navidad. He tenido que renunciar temporalmente a mi empleo y a mi sueldo, pero no me ha importado en absoluto porque dedicarme a mi hijo al 100% ha sido el mejor y más bien pagado trabajo de mi vida. Y si pudiera, lo haría mucho tiempo más. Me da igual que consideren esto como antifeminista y me tachen como tal, porque o he hecho felicísima y convencida y me ha llenado más que cualquier otra tarea del mundo.

Pero por desgracia, ya no podemos prescindir del dinero por mucho tiempo más. A partir de hoy, nuestro camino lento, sosegado y respetuoso toma un giro repentino y tenemos que separarnos demasiadas horas por primera vez. La primera de tantas. Él a su cole y yo al/los mío/s.

Cada persona es diferente y todas las mamás (y los papás!) viven la reincorporación a su manera, no creo que sea fácil para nadie. A mí me gusta mi trabajo, pero no quiero volver aún. Quiero ver crecer a mi hijo un poco más, acompañarlo en este camino otro largo trecho. Quiero que sea él quien me suelte la mano para ver el mundo, no ser yo la que se marcha cuando aún es tan pequeño. Sé que va a estar bien, pero no es lo mismo.

Sin quererlo me ha quedado un post demasiado personal, y eso que sólo venía a mostraros mi última labor. Pero es que, ahora mismo, la tristeza es infinita y cuesta retenerla.

Con este dolor en el pecho he estado ocupando mis últimas "horas libres" haciendo esto para el cole de mi pequeño gran guerrero.



Soy una costurera paupérrima y hace que no bordo desde mi primer sashiko allá por 2008, pero creo que me ha quedado bastante apañado.

Detalles del bordado, se nota a la legua que es casero ;)



Por detrás, en una esquina y en pequeño, también he bordado el nmbre del niño

Las bolsas, forraditas por dentro, son muy resistentes, perfectas para el trote que van a llevar. Aunque tengan muchos fallos, me vengo muy arriba cuando veo que puedo hacer cosas así.

Para la próxima, que no tardará, saldrá mejor.

viernes, 5 de agosto de 2016

366 días contigo

Hoy se cumple un año desde la primera vez que me lo pusieron en el pecho.

En aquel momento todo cambió, hubo una revolución en mí. Lloraba de felicidad en cualquier momento, me sentía tan afortunada y completa que era incapaz de describir toda esa dicha porque se me hacía un nudo en la garganta.

Por entonces lo atribuí a las hormonas, pero heme aquí un año después y sigo exactamente igual, sintiendo estallar el corazón. Sencillamente, no encuentro las palabras.



Desde lo más sincero y profundo de mis huesos y mis entrañas, nunca había sido tan feliz.

jueves, 24 de marzo de 2016

30

En este día de hoy he dejado para siempre de ser un alocada veinteañera para pasar a ser una treintañera madre de familia.

Hace un año, embarazada de casi 5 meses, escribía que "dentro de un año mi vida habrá cambiado para siempre".

Como imaginar que, a día de hoy, la felicidad sería tan grande y plena.



miércoles, 13 de enero de 2016

Sólo 3... o 12... o 36... ¡qué sé yo!

Son mis propósitos para el 2016. Algo realmente alcanzable.

- Doce proyectos empezados y terminados en 2016
- Doce libros leídos en 2016
- Doce madejas menos en 2016

Definitivamente el número es el 12. Iba a elegir el 16 pero creo que el 12 es más realista. Hace un tiempo más que realista habría sido risible, pero la vida cambia y ahora esto es así. Yo creo que lo conseguiré.



Y sin llegar a ser propósitos pero realmentes deseable, me encantaría este año poder participar en algún KAL, en algún intercambio, seguir despertándome y despertándole con besos, mimos y sonrisas, comer más sano, más casero y más mejor en general, paseos y más paseos por el campo... Venga, que sí, que este año me lo he puesto fácil.

martes, 10 de febrero de 2015

Yo subí unas agujas de punto en un avión (y viví para contarlo)

Seguramente en nuestra vida de tejedoras tarde o temprano tengamos que coger un avión. Y probablemente, cuando esto suceda, también nos hagamos la pregunta del millón: ¿puedo subir las agujas de punto a bordo?

¡Cuántas veces habré leído esta pregunta en un foro de internet! ¡Y cuantas veces me habré hecho yo misma esa pregunta!

Pues hoy quiero hablaros de eso, de mis experiencias, de mis opiniones y de mis averiguaciones. No, esto no es un artículo meticuloso de una revista especializada, pero quizás resuelvo alguna que otra duda.

Lo primero de todo, yo hasta hace relativamente poco no me atreví a subir unas agujas en un avión. Me daba miedo que me las quitaran, pero sobre todo me daba pereza pensar cómo iba a burlar los controles del aeropuerto, así que directamente ni lo intentaba. Un buen libro o una revista y a correr. Si hasta viajé tropocientas horas a Japón sin hacer una puntada. Claro que, en aquella época, yo desconocía los placeres y ventajas de las agujas circulares, así que metí las Pony de toda la vida en la mochila roñosa que facturé y llegaron dobladas, jeje. ¡Qué tiempos!

En fin, a lo que iba, que me pierdo.

La primera vez que reuní el valor necesario para desafiar los controles del aeropuerto fue en marzo del 2013, cuando viajé a Praga. Me había informado muy bien de la mejor manera de hacerlo, y así procedí:

- Desmonté las Knit Pro de la labor que estaba tejiendo (los inicios de un Ishbel) y puse a los cables los taponcitos correspondientes para que no se me escaparan los puntos.
- Guardé las puntas de las agujas en un estuche lleno de bolis.
- Metí el estuche y la bolsa de la labor en el equipaje de mano.
- Puse cara de "esto no va conmigo" en el control del aeropuerto.

Y sí, ¡bingo! Funcionó. Me sentí una superheroína, una rebelde de la sociedad, una desafiadora de la norma establecida... total, ¿para qué? Pues para que me metieran en el asiento del medio de un avión low cost y estar tan apretada que las dos únicas dos vueltas que tejí fueron sólo por desdén. Porque madre, ¡qué incomodidad!

Aún así me seguí sintiendo satisfecha de mi proeza, y ahí va el documento gráfico que lo demuestra:


Para el viaje de vuelta decidí que no valían la pena los nervios pasados en el control del aeropuerto y todo el Mcgyverismo montado para disimular, total, para no poder tejer nada, así que ni lo intenté. Y lo mismo pensé en el viaje de ida y vuelta a Londres que hice ese verano.

La siguiente vez que cogí un avión fue este último septiembre, nuevamente para viajar a Londres. Decidí que quería volver a intentar subir mis agujas, pero esta vez fui un poco más rebelde. Llevaba unos calcetines a medias (estos, en concreto) y no desmonté las agujas (no se puede) ni nada por el estilo. Las dejé puestas y pasé una lifeline entre los puntos. Lo hice así tanto en el aeropuerto de ida (Barcelona, El Prat) como en el de vuelta (Londres, Gatwick) y en ambas ocasiones triunfé como la  Coca-Cola.

No tengo documentos gráficos de la hazaña pero sí quiero enseñaros una foto dentro del avión del viaje de vuelta. No habíamos comprado los asientos (otra trampa saca-cuartos de las compañías aéreas), pero nos presentamos prontito a hacer el check-in y pudimos elegir con una máquina los asientos. Y cuál fue nuestra mayor sorpresa al darnos cuenta que podíamos escoger los asientos en primera fila, con mucho más espacio y que normalmente tienen un plus de precio, totalmente gratis. ¡Eso sí fue un triunfo! ¡Toma comodidad!



Y, finalmente, para un viajecillo exprés a Bruselas este diciembre lo volví a hacer. Ya ni lifelines ni nada, qué pereza de todo. Agujas montadas en la labor y arreando. Ningún problema en ninguno de los dos aeropuertos.

Y aquí la foto de mí misma tejiendo los calcetines de aquél momento, que por cierto el patrón se llama (como no podía ser de otro modo) "Socks on a Plane".



Después de estas tres experiencias, se me ha quitado casi por completo el miedo y respeto a subir las agujas en el avión. Entiendo a la gente que desmonta la labor para disimular un poquito, pero creo que no siempre es necesario.

Eso sí, creo que es importante tener muy en cuenta que nunca hay que fiarse al 100% de que te las vayan a dejar pasar. Y no depende de la compañía aérea, ellos no están en el control del aeropuerto. Como mucho te mandarían guardarlas una vez dentro del avión, aunque no conozco ningún caso.

Dependerá del aeropuerto y, sobre todo, dependerá de la persona que está en el control, de su integridad y de si ha desayunado o no un buen bol de All-Bran.

En el caso de que te toque uno de estos, quizás entonces sí que agradecerás haber puesto una lifeline o "salvado" de alguna manera los puntos vivos de las agujas que te acaban de quitar. Hay gente que recomienda llevar un sobre pre-franqueado para poder mandar de vuelta tus agujas a casa en el caso de que no te las dejen subir, y así no se las quedan allí. Y sea como sea no vale la pena discutir, si no te dejan, no te dejan. Lleva siempre un plan B, por si las moscas.En cualquier caso, creo que nunca hay que olvidar llevar en la maleta facturada unas agujas del mismo tamaño, por si acaso.

Ah, todo lo que yo os cuento es basado en mi experiencia con agujas circulares, no lo he probado con las de doble punta y creo que con las rectas ya casi ni me atrevo a soñar que me dejen pasar. Y lo que yo tampoco recomendaría sería el intentar subir unas agujas de metal, aunque yo me he sentido tentada de hacerlo, sólo para ver si colaba. Para ir seguros es mejor optar por la madera o el plástico y mejor aún si no les tienes mucho cariño. Yo he visto en su blog a Yarn Harlot tejiendo en el avión con sus carísimas Signature de acero. Vaya par de ovarios, sí señor. Yo no me atrevo a eso ni en un millón de años.

Os dejo algunos artículos encontrados por internet por si os apetece leer más y mejor sobre el tema:

- Truco curioso publicado en IFIL
- Regulaciones de la TSA
- Los trucos y experiencias de Ángela de La Maison Bisoux
- Completísimo artículo de Pilar en About.com
- Consejos de Gabriela
- Una de las muchas charlas sobre el tema en Ravelry, con experiencias de varias tejedoras en castellano.

Como veis, sobre todo si habéis leído el último enlace, no hay que tener tanto miedo y respeto al asunto. A mí me costó dar el paso y ahora me doy cuenta de que no era para tanto. Sencillamente hay que tener en cuenta algunas cosillas por si saliera mal, pero ya está. Nadie se va a a acordar de tu cara cuando vuelvas al aeropuerto ni te pondrán en la lista de "Los más buscados".

¡Ánimos y a subir esas fotos tejiendo en el avión!

miércoles, 31 de diciembre de 2014

¡FELIZ 2015!

¡ATENCIÓN CUTRE-POST DE ÚLTIMA HORA!

Tengo a medias un montón de entradas haciendo balance del año, de cosas terminadas y de frikadas varias habidas y por haber peeeeeeeeeeero...

MIS BIEN MERECIDAS SIESTAS DE SOFÁ DE ESTAS VACACIONES ME IMPIDEN HACER CUALQUIER COSA.

Así que mientras me voy poniendo las pilas (para lo que aún me queda rato) os dejo una foto del guapo de la casa que os desea...


viernes, 27 de diciembre de 2013

Nostalgia

A veces me pongo un poco nostálgica de los tiempos en los que empecé a tejer. Puede parecer una tontería, y probablemente lo sea, pero de vez en cuando me da por pensar en el inicio de las cosas y de cómo ha cambiado mi manera de "vivir el tejido".

Decidí aprender a tejer después de terminar un bordado a punto de cruz. Me enseñaron esa técnica de pequeña en el cole y siempre quise volver a hacer algo pero todo lo que encontraba me parecía exageradamente hortera. Un día abrieron una nueva mercería en el que por entonces era mi barrio,  vi un kit con una flor bastante apañada, lo compré, la cagué en todo lo que se podía y más, lo tiré, compré otro parecido, lo terminé con decencia y una vocecita hasta entonces escondida susurró en mi cabeza: ¿y si ahora aprendes a tejer?

Veréis, en mi fuero interno yo siempre quise aprender a tejer, muy muy muy adentro. Era un deseo que tenía muy reprimido porque sí, señoras y señores, yo era de las que pensaba que tejer era cosa de abuelas y que no podría nunca hacerme nada que realmente me fuera a poner (mi mente no concebía más allá de un jersey que no fuera el típico de ranglán con cuello de elástico y en colores chillones). Afortunadamente las personas maduramos y el terminar esa labor de punto de cruz me llevó a sacar mi curiosidad adelante, sin saber realmente lo que me venía encima. De eso ha hecho ya 6 otoños.

Mis inicios fueron en una pequeña tienda de las de toda la vida. Guiaban labores y a mí me enseñaron a hacer una bufanda a punto bobo. Pronto me di cuenta del negocio de estos lugares y como lo que yo quería era aprender y no que me guiaran, pagué unas clases en otra tienda con la esperanza de que me enseñaran las técnicas para desarrollarme yo sola, pero me encontré con el mismo concepto de tienda chapada a la antigua sólo que encima, te dejabas el jornal. ¡Y fumaban en el local! Por supuesto, duré poco.

En esa época descubrí que en inglés "knit" significa tejer y, a partir de entonces, en lugar de estudiar, me pasaba las horas navegando por webs de punto cuando Ravelry todavía estaba en sus incios y no era muy conocido. Descubrí también con eso, que tejer se estaba poniendo de moda y que también lo hacían chicas jóvenes. Creía que jamás podría entender un gráfico y mucho menos en inglés. Pensaba que nunca podría aprender a tejer calcetines ni usar agujas circulares y juré que por encima de mi cadáver pagaría por un patrón. Nunca llegué a comprar en los chinos, pero tampoco me paraba a distinguir entre lana y acrílico.
 
Finalmente, con tanto navegar, encontré el cursillo perfecto para mí: un intensivo en All You Knit is Love, que para entonces se llamaba Persones Llanes y estaba en la Plaça de la Llana, donde me enseñaron en dos tardes un montón de cosas y me dejaron libre en el mundo y lista para hacer casi cualquier cosa. Ahí empecé a meterme de lleno de verdad.

Un año después de mis primeras puntadas, ya sólo usaba circulares, tejía en continental, hacía calcetines, prefería los patrones en inglés y estaba tejiendo ya varias cosas a la vez, entre ellas un chal siguiendo un gráfico y un jersey con lanas Malabrigo. Ya no había vuelta atrás.

Por supuesto me encanta estar aprendiendo constantemente, buscar las mejores técnicas, las mejores herramientas, las mejores lanas, probar cosas nuevas, innovar, descubrir, experimentar... pero como os digo, a veces me acuerdo de cuando empecé a descubrir todo esto y flipaba con cualquier cosa y cualquier lana y añoro la sensación que viví cuando se abrieron de golpe las puertas durante mi primer año de tejedora.

En fin, todo este rollazo ha sido sólo para decir que hace unos meses me puse tonta con este tema y decidí experimentar cómo sería volver a tejer con agujas rectas, después de tanto tiempo.

Elegí un patrón que ya había tejido, una bufanda sencilla a punto chevron que ha sido un regalo para una chica a la que le debía un favor.

Las agujas rectas las usé, pero no me volví a pasar al método inglés de tejer de mis inicios, sino que estuve trabajando en continental como siempre. La experiencia tuvo su gracia y tal al principio, pero luego esas agujotas me parecieron más armas arrojadizas que otra cosa y me molestaban muchísimo cuando tejía en el sofá, cualquier cosa a su alrededor era un obstáculo.

Total, que no creo que vuelva a tocar unas rectas en muuuuuuucho tiempo.

Aquí la bufanda en cuestión:




La lana usada es una Lia Merina, un placer para los sentidos. Una pena que la hayan dejado de fabricar :(

Detalles aquí.



domingo, 17 de noviembre de 2013

Hacer limpieza

Desde que aprendí a tejer, hace ya 6 años, he sido totalmente incapaz de llevar un sólo proyecto a la vez. Es más, sin ánimo de ofender a nadie, tampoco me parece muy lógico, por lo menos para los que no tejemos solamente en casa. Porque claro, no vas a tejer una enorme manta en el tren, ni un patrón complicadísimo en una quedada, que luego ya sabemos lo que pasa.

Lo que he intentado muchas veces (10 o 12 al año) es gestionarme e intentar no tener más de 3 o 4 cosas empezadas, una para cada ocasión. Aguanto un poco, pero siempre acabo pecando y comenzando algo nuevo.

Soy así, no puedo cambiar, tengo startitis crónica, lo acepto y he aprendido a convivir con ello.

A principios de septiembre me hice una lista larguísima de todo lo que tejería y terminaría este otoño y evidentemente no he cumplido ni con la mitad. Pero llegados a este punto creo que ha llegado la hora de hacer limpieza. Hace días que lo tengo decidido, y al ver el post de Marta yo también hago pública mi determinación:

EN LO QUE QUEDA DE AÑO TERMINO TODO LO QUE TENGO EN MARCHA Y NO SE HABLE MÁS*

Y además que quede claro que sólo lo hago para regocijarme en mi propia enfermedad mental y el día 1 de enero empezar un millón de cosas nuevas, ¡viva!

Aquí todo lo que tiene que estar cerrado, rematado y bloqueando antes del 31de diciembre a las 23:59:

- El jerseicito de búhos que todo el mundo conoce, el cual me propuse terminar el 1.4.2012 y no lo empecé hasta hace dos semanas.

- Una bufanda sencilla a punto chevron que me dio el venazo de hacer con agujas rectas (ya os explicaré por qué). terminado el 6.12.13

- El intercambio de Navidad de Teixicòmanes, por la cuenta que me trae. terminado el 17.11.13

- Gnomos de corcho con jerseys y capuchas de lana. Tengo que hacer unos 30 y llevo 4 o 5... terminado el 15.12.13

- El Mystery Shawl "Los Lirios", que a estas alturas ya no tiene ningún misterio porque se terminó hace semanas. Yo me quedé en la 2ª pista.

- El segundo calcetín nórdico.

- Mi querido lopapeysa, que desde que lo empezara en septiembre del año pasado lo he deshecho un millón de veces. Ahora estoy a punto de terminar la 2ª manga de la que creo que es, por fin, la versión definitiva. terminado el 29.12.13

- Unos calcetines básicos para mí misma porque yo lo valgo. Aún no los he empezado.

¿Lograré conseguirlo? ¿Me quedaré a las puertas del triunfo? ¿Lo mandaré todo a la mierda la semana que viene y empezaré cuatro jerseys más?

¡Hagan sus apuestas!



*lógicamente en esto no entran ni los calcetines de temperaturas ni la manta de restos que va creciendo según vaya acumulando los mismos.

domingo, 12 de mayo de 2013

Bloglovin

Que yo también me uno al carro, vamos. Nunca había probado eso de un lector de blogs, pero me parece comodísimo, completo y muy fácil de usar.

Si os apetece, podéis seguir Chocolate con Menta desde allí.

¡Feliz domingo!

lunes, 25 de febrero de 2013

Let it snow, let it snow, let it snow...

¡Qué hermoso regalo nos dejó la Madre Naturaleza el pasado sábado por la mañana! ¡Qué alegría y qué ilusión me invadieron cuando me desperté y encontré el patio de casa de esta guisa!:




Ya sé que en otros rincones del mundo esto no tiene nada de espectacular, pero aunque aquí amanecemos cada día con escarcha, una nevada así no la vemos todos los días. ¡Eso había que aprovecharlo!

Introdujimos al gato a nuevas experiencias y sensaciones:




Salimos a pasear por el pueblo, al igual que todos los vecinos, a sentir crujir la nieve bajo los pies, a disfrutar de la belleza de las montañas blancas...


... a robarle la propiedad intelectual de quien fuera que hiciese este muñeco...:



Pero sin duda la mayor sorpresa la encontramos en el bosque que hay a 5 minutillos de la puerta de casa. Nuestro lugar favorito para pasear, leer o sencillamente recrearnos, se había convertido en este maravilloso abanico de postales invernales:








El calor del mediodía derritió buena parte de la nieve, pero por la tarde seguía haciendo frío así que con gran esfuerzo y sacrificio tuvimos que quedarnos en casa haciendo cosas que nos aborrecen soberanamente como por ejemplo tejer compulsivamente en el sofá con la manta encima y una enorme taza de té...


... o simplemente pasar el rato en familia:

un calcetín de cada color, como manda la estricta moda marujil de estar por casa


Cada uno haciendo lo que más le gusta en esta vida. Bueno, no, perdón, lo que más le gusta al gato es comer, pero en esos momentos ya tenía el buche lleno y el plato vacío.

sábado, 31 de diciembre de 2011

2012

Ya llega, ya llega, ya está casi aquí... ¿no veis que se acerca?


... y que todo lo malo que nos rodea se quede atrás con este año que nos deja.

Feliz, muy feliz 2012.

PD: Yo, por si acaso al final nos morimos todos como dijeron los mayas, ya me estoy apresurando a rebajar el stash, no vaya a ser que llegue el fin del mundo y yo con mis Malabrigo sin usar. ¡Acabáramos!